Monasita ri ngubá”: sobre bilingüismos posibles.

Encontré, por estos días, un bello libro álbum infantil en palenquero: Monasita ri ngubá. Me capturó. La dulzura del texto y el fascinante diálogo entre las ilustraciones de Santiago Guevara y la lengua palenquera hacen de este álbum un canto a la infancia como experiencia de acogimiento, posibilitan la reflexión sobre la dimensión política de la representación de la infancia palenquera y presentan una comprensión vitalista de la relación entre vida y muerte. Además, por estar escrito en palenquero y español, constituye una herramienta ideal para la intercomprensión e invita a imaginar y crear otros bilingüismos. Por su parte, la crítica literaria desde una perspectiva glotopolítica puede plantear el problema de cómo la obra pone en tensión el discurso que paradójicamente hace posible su viabilidad como proyecto editorial.

Sobre el libro.

Monasita ri ngubá narra la historia de Babbarita, una mujer que preserva el cultivo tradicional del maní en San Basilio de Palenque. Babbarita nace el 14 de marzo en medio de un “[u]n yubia ngandisimo, un yubia ku mboka selao kumo apu ri sienagai (Perez Miranda et al. 17)”. Su nacimiento, al abrigo de los truenos y las lluvias, hace que Salomón, su padre, la llame Babbarita, en honor a Santa Bárbara. La llegada de Babbarita es interpretada como el advenimiento de la fertilidad, por ello la comadrona dice: “Uuummm, uuju. E monasita tan tre chochá sabiruría pa e posá ri ta’kí, Í ta minándolo andi ma ojo ku kala eleii (Perez Miranda et al. 17)”. En el libro, la sabiduría está vinculada las tareas agrícolas, labor que preserva la vida, por ello, Babbarita profesa amor por el monte y tiene el poder de hacer crecer el maní; su presencia hace que la cosecha sea más fácil. El relato presenta la vida y la muerte como un contínuum. Salomón muere el mismo día que Babbarita conoce a una misteriosa mujer en medio del monte. El Pechiche, tambor tradicional de Palenque, los cantos de lumbalú y las semillas de “ngubáiii” hacen posible el duelo de la comunidad. El relato concluye con Babbarita, ya anciana, rodeada de «ma monasitoiv» que covan el «ngubá», cantan, juegan, se trenzan los cabellos y sueñan con nuevos «ma kaddumev«.

Monasita ri ngubá ante la revitalización de la lengua palenquera.

Chitiá lengua pa bo ten kutúvi

Creada en el marco de la solidaridad cimarrona como lengua para sobrevivir, el palenquero expresa la vitalidad del encuentro cultural que se produjo, paradójicamente, en el marco de la mayor empresa deshumanizante de la historia: la trata esclavista. Schwegler y Moñino han construido una muy interesante hipótesis sobre el origen de la lengua, como le dicen sus hablantes al criollo palenquero para diferenciarlo del Kateyano (español). En Chi ma nkongo, Schwegler sostiene que el palenquero pudo evolucionar de un pidgin afroportugués mediante un proceso de relexificación entre 1650 y 1750. Moñino, por su parte, piensa que el criollo palenquero es fruto del contacto entre cimarrones que dominaban el español y hablantes de una variedad de kikoongo, encuentro que tuvo lugar en los palenques de Montes de María entre 1650 y 1680 (Maglia and Moñino 75).

Los mecanismos que encuentra una lengua para sobrevivir son curiosos, Schwegler afirma que no hay prácticamente ninguna noticia del criollo palenquero, al menos desde el ángulo de la investigación, antes de 1954, cuando Aquiles Escalante publica su estudio en la Revista Divulgaciones Etnográficas (Schwegler 426). Cuenta Schwegler que el libro El Palenque de San Basilio, una reimpresión del trabajo de Escalante, estaba olvidado en una biblioteca en Cartagena, sometido al polvo. El silencio que marcó el destino de la lengua desde 1650 hasta 1954 contrasta con el renovado interés no solo por el criollo palenquero, también por el arte de Palenque. La pérdida del idioma y de las prácticas culturales, como producto de la discriminación lingüística (Moñino 71), ha sido atenuada gracias a la actividad intelectual de investigadores en diversos campos, entre ellos: Maglia, Moñino, Friedemann, Granda, los hermanos Zapata Olivella, Schwegler, Escalante y Patiño Rosselli; al proceso de patrimonialización (Maglia 14) y también gracias a la capacidad de agencia de los miembros de la comunidad, a este respecto, clásico es el trabajo del grupo Sexteto Tabalá. En la actualidad el grupo de rap Kombilesa Mi se presenta como un ejemplo del orgullo cimarrón. En el campo de la literatura, Bernardino Pérez Miranda, desde su labor como docente en la Institución Técnica Agropecuaria Benkos Bioho, ha trabajado de manera incansable por la revitalización de la lengua. El libro Chitiemo lengua ku ma kuendo, de 2011, materializa una propuesta didáctica en la que se cruza el estudio de la oralitura y la práctica pedagógica como un ejercicio decolonial. Emociona pensar que al leer Monasita ri ngubá estamos ante un producto de la resistencia cultural, ante un idioma que sobrevivió a la discriminación y que hoy es un ejemplo vivo de la dignidad.

Leer en voz alta, imaginar bilingüismos posibles.

Chi ma nkongo,
Chi ma luango,
Chi ma ri Luango di Angola e;
Huan Gungú me ñamo yo;
Huan Gungú me a de nyamá, ee.
(Canto funerario palenquero)vii

La producción de literaturas en lenguas no hegemónicas plantea de entrada el problema de la inexistencia de un público lector suficientemente amplio para evitar que estos esfuerzos editoriales resulten en ejercicios de reconocimiento de la diversidad cultural puramente formales. La lengua de Palenque sufrió un proceso de minorización, por esto la publicación de un libro dirigido a público infantil en lengua palenquera no solo constituye un motivo de celebración, también es un reto para quienes nos dedicamos a la crítica literaria, la promoción de lectura y la educación infantil. ¿Cómo promover la lectura en lenguas no hegemónicas con niños principalmente hispanohablantes? ¿Cómo abordar la condición étnica y el concomitante debate sobre el racismo desde la literatura infantil? La lectura del texto en su idioma originalviii nos permite percibir una naturaleza común entre el español y el criollo palenquero. Veamos un ejemplo, invito al lector a leerlo en voz alta, quizás cuatro o cinco veces, antes de ceder a la tentación de leer la versión en español que dejo a pie de página.

A sendaba 14 ri me ri matso, ta asé 80 año kapurí, kuandi a kaí un yubia ngande etraño. Un yubia ngandisimo, un yubia ku mboka selao kumo apu ri sienaga, a kaí un chochá agua ke a yená loyo i a aselo reboddá yenando ma bera, labando ma baye ata e kelá taponao ri un ma yebba ri po’akí, kumo yuya, bebbena, anamú, anjika ku sinkogoyoix (Perez Miranda et al. 17).

Esta naturaleza común no es poca cosa si se piensa en los niños y niñas como lectores. El programa Territorios Narrados busca presentar las diversas naciones culturales que habitan el territorio colombiano. Empresa nada sencilla, pues no solo requiere de publicaciones, también se necesitan estrategias pedagógicas que permitan sensibilizar a los lectores ante la diversidad lingüística de Colombia. Considero que la lectura en voz alta con niños y niñas tiene dos funciones para el caso del libro de Pérez Miranda. Por un lado, constituye una estrategia didáctica que hace de la lectura un acontecimiento colectivo, por otro lado, es una suerte de acto poético que nos permite pensar en la historia de las lenguas criollas. Edouard Glissant afirma que estas lenguas nacen de la necesidad de sobrevivir, y en ello concuerda con Moñino, Maglia y Schwegler, por ello tienen la característica de abrirse, su performance siempre remite a la comunicación a voz en cuello. Así, al leer Monasita ri ngubá a voz en cuello homenajeamos la gesta cimarrona y nos enfrentamos al desafío de imaginar otros bilingüismos.

Imágenes de Palenque.

En el libro tres códigos se presentan de manera sincrónica, las dos lenguas y el discurso sobre el paisaje construido por el ilustrador. El diálogo entre dos gramáticas, la visual y la textual, escenifica, por un lado, la condición de Palenque como objeto de representación visual, y por otro, la resignificación del ethos tradicional como alternativa al relato de la modernidad. Los paisajes creados por Santiago Guevara no pueden ocultar su condición de representación del espacio de Palenque, lo que pone sobre la mesa los mecanismos de representación, es decir, en lugar de ocultarlos, los expone. La representación del color de piel es problemática de cara a los mecanismos de racialización que definen los modos en los que circulan las imágenes de las comunidades afrodescendientes. Sol Astrid Giraldo Escobar, en su estudio sobre Liliana Ángulo, titulado Retratos en blanco y afro, señala que no se nace afro, se llega a serlo (Giraldo Escobar 28). La dimensión política de la representación del cuerpo de los niñas y niños de Palenque se aprecia de mejor manera si se piensa en el poema de Victoria Santa Cruz:

Tenía siete años apenas, apenas siete años…
¡qué siete años!
¡no llegaba a cinco siquiera!
De pronto unas voces en la calle
me gritaron: «¡Negra!x»

El conflicto cultural que desata la reflexión sobre infancia, lenguaje y racialización también puede apreciarse en las omisiones de la crítica de literatura infantil, por ejemplo, Joëlle Turin, en Los grandes libros para los más pequeños, evita la reflexión sobre la representación de la condición de raza en la literatura infantil contemporánea. Al analizar la obra de Ana María Machado, Dipacho y Paloma Valdivia se centra en los sentimientos “universales” que orientan la vida anímica del niño (Turin 177). Lo que resulta llamativo, pues en los tres autores la condición racial es abordada de manera explícita. Si se contempla a la par la omisión de Turin y el poema de Santa Cruz, la dimensión política de los paisajes de Santiago Guevara puede apreciarse en toda su magnitud. Al leer las imágenes de Monasita ri ngubá se hace evidente que también hay una dimensión racial de la condición de la infancia y de los discursos que sobre la literatura infantil se producen.

Lumbalú y «ma monasito»: infancia y muerte.

Una concepción vitalista y poderosa sobre el nacimiento atraviesa esta obra de Mopli, como le llaman cariñosamente a Bernardino Perez Miranda, en ella el sujeto es acogido mediante la palabra, su presencia resuena en el paisaje, como si el nacimiento fuese una materialización de las fuerzas naturales. Que los truenos le indiquen a Salomón el nombre de su hija y que Ana Teresa, la partera, vea el destino de la niña en la luz de luciérnaga que brota de sus ojos pueden leerse como gestos del deseo de la comunidad por vincular cada nacimiento al tejido vivo que anuda a humanos y paisaje. En las páginas de Monasita ri ngubá no solo encontramos una narración que da cuenta de una nación cultural, también vemos la representación de una pedagogía del acogimiento y del cuidado. Por ello la infancia de Babbarita se presenta como un periodo de fertilidad, su nacimiento informa al lector de la existencia de un ciclo vital que se renueva una y otra vez. Esto puede apreciarse con toda claridad en el episodio de la muerte del padre, anunciado por la extraña mujer que trenza el cabello de Babbarita.

Bo a tré fettilirá a paraje sí, Babbarita. Pero kolá ke mbilá a se nda gueta, to kusa a se nasé pa lungá, i ri ma epeddisio ri lungao, mbila a se nasé uto begá. Aaa, monasita mí, andi posá sí ta eperá bo un ndoló jóndo, pero yebá é simía ku bó i ba tá bié le entrega semilla de manixi (Perez Miranda et al. 37)

En el tomo dos de Chi ma nkongo se lee el siguiente epígrafe “les morts son le vivants par excellence1” El vínculo entre la vida y la muerte es uno de los tópicos centrales de la literatura infantil, el problema pasa por cómo se representa. Si se observa el corpus recopilado por Maglia y Moñino, podemos percatarnos que la muerte se presenta como un castigo por violar las normas de la vida comunal. En una conversación telefónica, Pérez Miranda me comentó que Monasita ri ngubá está relacionada con “El Gongochí” (Pérez Miranda 21), un cuento tradicional que narra la historia de Juana Lora, una mujer que pierde a su hijo por ir a covar el maní sola. La acción de Juana Lora rompe con la tradición de la siembra y cosecha colectiva. Ahora bien, la forma en la que se presenta la muerte en Monasita ri ngubá está lejos de la concepción culpa/castigo y se acerca a mirada de Wolf Erlbruch, en su libro El pato y la muerte. Pérez Miranda ofrece un tratamiento delicado y poético de la muerte y hace posible el diálogo con niños y niñas sobre el lugar de los muertos en la memoria individual y colectiva.

Para cerrar, quiero anotar que la lectura de la obra de Pérez Miranda tensiona el discurso de la literatura étnica. No estamos ante un libro que acepte dócilmente ser tratado como un otro. Su lectura, por el contrario, devela que la infancia no es una condición universal, y que la literatura infantil no solo escenifica dramas de la vida anímica – perspectiva adoptada por Turin – sino que también puede abrir reflexiones sobre las infancias y las relaciones de poder en las que estas son posibles. Por otro lado, la triple codificación del libro permite que las y los lectores se sumergen, o si quiera imaginen la diglosia que ha marcado la vida en Palenque. Por esta vía podemos introducir a los jóvenes lectores en los temas de la discriminación lingüística y promover la lectura como un acontecimiento que va del goce estético al cuestionamiento ético.

Bibliografía

Giraldo Escobar, Sol Astrid. Retratos en blanco y afro: Liliana Angulo. Ministerio de Cultura, 2014.

Glissant, Édouard. Poétique de la relation. Gallimard, 1990.

Maglia, Graciela, and Yves Moñino. Kondalo pa bibí mejó. Editorial Pontifica Universidad Javeriana, 2015.

Perez Miranda, Bernanrdino, et al. Monasita ri ngubá. Translated by Josefa María Hernandez Cabarcas, Primera ed., Bogotá, Ministerio de Educación Nacional: Cerlalc, 2020.

Pérez Miranda, Bernardino. Chitieno lengua ku ma kuendo: hablemos Palenquero a través del cuento. Ediciones Pluma de Mompox S.A., 2011.

Schwegler, Armin. «Chi ma nkongo»: lengua y rito ancestrales en El Palenque de San Basilio (Colombia). Vervuert, 1996.

Turin, Joëlle. Los Grandes Libros Para Los Mas Pequeños. Fondo de Cultura Economica USA, 2014.

Notas

1 Los muertos son los vivos por excelencia (tomado de Études Bakongo: sociologie, religion et magie de Joseph van Wing).

i Un aguacero fuertísimo, un aguacero callado como las aguas de la ciénaga (Perez Miranda et al. 17)

ii Dios, san Basilio y santa Bárbara te protejan, hija mía! —dijo la partera y luego añadió pensativa—: Uuummm, uuju. Esta criatura traerá mucha sabiduría a esta casa, lo veo claramente en sus ojos y en su rostro (Perez Miranda et al. 17)

iii Maní.

iv Niños

v Caminos

vi Habla palenquero (lengua) para tener fuerza.

vii De los congos [soy],/De los loangos [soy],/ De los de Loango de Angola [soy], eh; / Juan Gungú me llamo yo; / Juan Gungú me han de llamar, eeh. (Schwegler 3)

viii En una conversación telefónica, Bernardino Pérez Miranda me contó que el texto fue escrito previo a la invitación del programa Territorios Narrados, donde se publicó en 2020. Quería preservar la historia de Babbarita, pues el oficio del cultivo del maní ha ido desapareciendo.

ix Fue el día 14 del mes de marzo, hace ya casi 80 años, cuando cayó un extraño aguacero.

Un aguacero fuertísimo, un aguacero callado como las aguas de la ciénaga. Tanta agua llenó

el arroyo que lo obligó a cambiar su curso, rebosando sus orillas, bañando los valles hasta dejarlos tapados de yerbas de po’ acá, como la yuya, la verbena, el anamú, la poya, la anjika y el sin cogollo.

x Por favor ver completo en: https://www.youtube.com/watch?v=cHr8DTNRZdg&t=16s

xi Has traído la fertilidad a tu pueblo, Barbarita. Pero recuerda que la vida es un ciclo, todo nace para morir, y de los restos de la muerte nace otra vez la vida. Anda, mi niña, te espera en tu casa un dolor profundo, pero lleva estas semillas contigo y todo estará bien (Perez Miranda et al. 37).

2 comentarios sobre “Monasita ri ngubá”: sobre bilingüismos posibles.

  1. Buenos días querido amigo andresito

    Gracias por realizar este tipo de escritos que nos permiten darle continuidad a la reflexión en torno a la muerte y a la vez vida, de un grupo humano, que se ha RESISTIDO y aún se RESISTE a desaparecer desde sus raíces.

    Para mi, el texto me deja una profunda tristeza porque nos muestra, lo horrible y terrible de la pretensión de matar, acallar o eliminar toda un lengua y unas costumbres que provienen de áfrica y que se instalaron en San Basilio de Palenque, Colombia.

    La metáfora, si se puede llamar así, de «vida y muerte» a través de Babbarita, es más bien, la RESISTENCIA, que debemos tener frente al discurso y los múltiples discursos y prácticas que nos dejaron los centro – europeos, que incluso aún los cargamos en la espalda en el día a día. Quizás sin pensarlo mucho, matamos las expresiones de cualquier grupo humano o de todas sus costumbres, porque seguimos bajo la lógica de lo «bueno» y lo «malo». Esa dualidad nos ha matado y no nos ha permitido ver más allá de ello.

    Por su parte, la fuerza del texto, me invita a pensar que la historia de los europeos, guardando sus proporciones, SIEMPRE han matado la diferencia y sobre todo aquello que es considerado «bárbaro», poco «civilizado». Esa es la invitación que nos haces con tú escrito. Por lo tanto, los estudios decoloniales, quizás, entran en esa lucha por no absorber los discursos y prácticas europeas que tanto daño nos han hecho, en el sentido de pretender homogeneizar sus saberes y acciones en todos los escenarios de la vida social y cotidiana.

    Sin embargo, a veces podemos caer en la trampa discursiva eurocéntrica con el uso de su propio lenguaje o si lo quieres llamar discurso, cuanto utilizas conceptos, como por ejemplo: raza y nación cultural. Pensaría que la cuestión no es negar estos discursos que aún pululan por los círculos académicos, sino que más bien, tenemos que ser nuestros propios críticos a la hora de expresarlos en un texto o en nuestras prácticas discursivas más cotidianas.

    Por otra parte, y tú me dirás, si soy asertivo con mis apreciaciones de forma. En el apartado donde dices que «La dimensión política de la representación del cuerpo de los niñas y niños de Palenque se aprecia de mejor manera si se piensa en el poema de Victoria Santa Cruz», el artículo «los» que antecede a la palabra «niñas», debería ser «las niñas» y luego «los niños». Ahora bien, no sé si la intención era escribir las y los niños o las niñas y los niños, y la digitación o el inconsciente, te jugó una «mala» pasada (jajajajajajajajaja).

    Y en este otro apartado «Una concepción vitalista y poderosa sobre el nacimiento atraviesa esta obra de Mopli, como le llaman cariñosamente a Bernardino Perez Miranda, en ella el sujeto es acogido mediante la palabra…», me parece hasta el apellido «Miranda» iría un punto seguido o quizás dos puntos. Tú dirás.

    De nuevo mil gracias por sacarme de la ignorancia y como el profesor super O, bajaste un poquito el índice de ignorancia mi hermano. Seguimos como siempre en contacto. Feliz día viernes 2 de diciembre de 2022. Ya casi navidad¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡

    Raúl Bejarano

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  2. Estimado Andrés: quiero felicitarte por el trabajo tan completo que has hecho, no solo a nivel descriptivo, experiencial y académico, sino también en su formato multisensorial, ya que invitas a completar la experiencia de lectura con audiovisuales y un ejercicio de lectura en voz alta. Creo que tu post se concentra en una temática muy interesante: la atención a la literatura en una lengua minorizada para público infantil. Podríamos considerar estos recursos, como bien dices, una joya, ya que resisten a las fuerzas homogeneizadoras y a los intereses económicos de las editoriales. Además, el público al que va dirigido el libro está notoriamente marcado: diría que se trata de literatura minorizada para una comunidad lectora minorizada, como es la infantil. Las niñas y los niños son objeto de mercado, pero no tienen el mismo poder adquisitivo o decisional que el público adulto. Quien escribe para un público infantil necesita sumar su vocación escritora a una sensibilización marcada que le permita conectar con su lenguaje y sus gustos. Aquí subyace una finalidad pedagógica adicional. Cuando pensamos en dinero, no resulta tan rentable…
    Me gustaría destacar también la belleza descriptiva de estas palabras de tu texto: «Deseo de la comunidad por vincular cada nacimiento al tejido vivo que anuda a humanos y paisaje».
    Y por último, agradecerte la mención a Glissant: un autor que me ha inspirado en sus reflexiones sobre la literatura en tanto rizoma. El rizoma como imagen epistemológica de la relación y la complejidad.
    Un abrazo
    Gonzalo

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