Retterofobia, anortografofilia, voyerismo tuitérico y otras formas de masturbación ortográfica (parte I)

Andaba yo paseando por Twitter cuando me encontré la siguiente pregunta:

Así, impunemente sin signo de apertura. Mi corazón casi se estalla de la emoción. Supe inmediatamente que no había nada en Netflix, HBO, Prime, Disney ni ninguna de esas carajadas que uno paga para poder seguir viendo comerciales insoportables en YouTube que pudiera darme una tarde de diversión como la que @martinp5_ me prometía. Alisté las crispetas y me acomodé. 

Sus más de 3.500 retweets, 6.000 comentarios y 53 mil “me gusta” eran la prueba que andaba buscando de que el tema no nos importa, nos OBSESIONA. (Nota al margen: escribo esto en Word, el corrector marca con su grosera línea roja la palabra retweets, sugiere “retretes”. mmmm, interesante relación). 

La malsana cantidad de horas que pasé navegando por la interminable lista de respuestas entre mensajes de odio a los errores ortográficos llenos de errores ortográficos, insultos a errores que en realidad no son errores, personas que corrigen a otras los errores que son más erroríficos, las maravillosas justificaciones dadas (que incluyen cosas como “me molestan todos porque soy capricornio”) y el placer con el que dan clases de ortografía (unas algo fantoches para mi gusto, otras sencillamente incomprensibles): todo, todo, todo me divierte. Lo que más, cuando en una de esas pequeñas disputas que se van dando llaman a Fundéu para que venga a dirimir y Fundéu llega, resuelve, y santo remedio: callados todos (sobre el asunto de la coma entre sujeto y predicado que se estaba discutiendo, porque de resto el asunto sigue y sigue). Muchos critican al tuitero original por su falta al no incluir el signo de apertura, otros lo acusan de pretencioso. Se incluyen errores tan pero tan extraños que me hacen pensar que se los están inventando para ganar la competencia:

Quiero decirle a @SimpsonAbuelo que sé que miente, que no le creo, exigirle que presente sus pruebas. En pocos minutos (que pudieron ser horas) estoy tan emocionada ante la bacanal horrográfica que siento ganas de salir a condenar en la hoguera a todos aquellos herejes que han malogrado nuestra sagrada y perfecta lengua castellana (aunque tenga mis infinitos reparos ante la expresión “lengua castellana”, tal vez algún día volveré sobre esto), grupo que claramente incluye al 90 % de los tuiteros involucrados en la conversación. Vuelve a apoderarse de mí la insoportable profesora defensora de la norma que hace años había dejado de ser.

Me contuve. Entendí que no soy yo, que no son ellos, que es el poder Twitter, y tan pronto como pude hui de allí.

Pero las preguntas no pararon de acumularse en mi cabeza: ¿qué es?, ¿por qué nos obsesiona?, ¿qué pensarían los niños y niñas que fuimos en tercero de primaria si nos vieran dedicarle esta cantidad de energía a los hiatos y diptongos que nos causaron tanto dolor de estómago?, ¿estarán Nebrija y Caro discutiendo al respecto en el infierno?

En este mismo instante, mientras escribo estas preguntas, algún hispanohablante, en algún lugar del mundo cita, embargado de la emoción, a García Márquez diciendo:

«Jubilemos la ortografía, terror del ser humano desde la cuna; enterremos las haches rupestres; firmemos un tratado de límites entre la ge y la jota; y pongamos más uso de razón en los acentos escritos, que al fin y al cabo nadie ha de leer lagrima donde diga lágrima ni confundirá revólver con revolver».

(Sí, escribe una de las principales obras maestras de la literatura universal y te darán un premio y algunos gatos te leerán, quéjate de la “b” y la “v” en un Congreso de Lengua Española y pasarás a la historia como un prócer).

¿Al fin qué? ¿De qué lado estamos? (Ahora que lo pienso, nadie compartió el discurso de García Márquez entre las respuestas de la disputa ortográfica. Extraño.)

La pataleta de García Márquez no es nueva, la rebelión para imponer la ortografía rrazional a la que convocaban los neógrafos chilenos del siglo XIX[1] nos habla de generaciones anteriores de niños y niñas con dolor de estómago causado por la hache rupestre de Gabo (probablemente a ellos más, porque su limitada expectativa de vida hacía que el tiempo perdido haciendo la plana generara más dolor).

Son solo unos ejemplos, aunque cualquiera que haya dado un vistazo rápido a la historia de la lengua española sabe que no existe hoy en todo Twitter nadie capaz de poner a tanta gente a hablar de un tema durante tanto tiempo como Alfonso X. #Scriptorium habría colapsado la capacidad de procesar datos de Twitter en el siglo XIII (y en adelante).

Que le pongan la tilde al sólo, que se la quiten, que por qué se la quitaron, que la devuelvan, que por qué se la devolvieron.  Sí, sí, que ya sabemos que si el planeta se calienta 2 grados nos morimos, pero déjennos en paz, que estamos discutiendo cosas importantes.

Y mientras tanto la RAE:

Claramente ellos no hablan así, ellos dicen (en la actualización a la actualización a la actualización de la entrada del solo): “Cuando hay riesgo de ambigüedad con el adj. solo1, puede escribirse sólo”. Pero todos sabemos que es su forma de decir “hagan lo que se les dé la gana, pero dejen ya de joder”. (No dicen mk, ni joder, porque no están en Colombia y del otro lado del Atlántico eso significa una cosa bien diferente, pero si lo estuvieran lo dirían (o lo pensarían)).

Muerta de la curiosidad decidí comenzar una recolección de datos preliminares para rastrear ideologías lingüísticas asociadas al cumplimiento de la norma ortográfica en los textos compartidos en redes sociales y aplicaciones de mensajería instantánea. Entiéndase, me fui compulsivamente a preguntar en chats de Whatsapp y Telegram “mk, que onda con lo de la ortografia????????” (así, sin reparos ortográficos). De las respuestas que obtuve (y par de cosas que han dicho un par de personas al respecto) he sacado un par de conclusiones. Si estuviéramos en Twitter escribiría “abro hilo”, como no, me contento con anunciar la parte II de esta incoherente diatriba ortográfica.   

Hasta aquí hemos expuesto cómo el voyerismo tuitérico nos ha llevado a las preguntas, nos falta entrar en la retterofobia y la anortografofilia y cómo todas (incluso la retterofobia) entran en la categoría de masturbación ortográfica.

🧵

Parte II: https://lediversa.com/2022/07/18/retterofobia-anortografofilia-voyerismo-tuiterico-y-otras-formas-de-masturbacion-ortografica-parte-ii/


[1] Si quieren divertirse de a deveras aquí les dejo entretenimiento del bueno: Villarroel Torres, Natalia. (2019). Los neógrafos chilenos y la ortografía rrazional: un proyecto lingüístico anarquista. Cultura-hombre-sociedad, 29(2), 125-153. https://dx.doi.org/10.7770/0719-2789.2019.cuhso.03.a05

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: